30 de agosto

Fragmento del diario Las mañanas (o el deber de narrar)

 

La experiencia como refugio. Después de estar un rato con el lápiz en la mano, escribí esa frase. Para escribir, para llegar al papel, tengo que ausentarme. O: escribir es irme —un poco al menos. ¿De dónde? ¿Del cuerpo? Iba a escribir la mañana del domingo como si la mañana fuera una parte del domingo, y no al revés; si escribo el domingo de la mañana puedo hacerme sentir o percibir que la mañana es una especie de gran lugar y los diferentes días van pasando por ella. En este domingo de la mañana se siente una especie de silencio grande. Aún con autos, bocinas, gotas, voces vecinas, ladridos. Aún con el lápiz, que es puro ruido de escribir. Para escribir tengo que hacer ruido. Romper el silencio. Pero escribo para reconocer el silencio. El domingo de la mañana es como ese silencio impersonal detrás de los sonidos. D habla con la perra y con su madre, otro auto pasa, escucho la palabra foto y un pájaro, la madre de D hizo una publicación de sus productos en instagram y se le coló una foto que no correspondía: era la imagen de unas medias de D que ella encontró en su auto hace unos días. Le mandó a D un mensaje diciendo que había encontrado sus medias y se había emocionado. Después la foto se coló en el post. D lo vio y sintió ternura, ahora le explica cómo publicar. Escribir es la manera de publicar. ¿Publicar qué? ¿Pensamientos? ¿Silencios? ¿Paquetes de silencio? Escribir es ponerle ruidos al silencio. El ruido, para reconocer el silencio. A veces creo que me obsesiono con lo del silencio, pero creo que me obsesiono más con lo del ruido —con los sonidos del mundo. A los sonidos de la vida les decimos experiencias. Solo cuando algo suena (chirría) nos decimos que estamos teniendo una experiencia. Creo que tenemos una obsesión con las experiencias —con lo de vivir cosas, con lo de vivir cosas para poder contarnos cosas, con lo de viajar para tener qué contar y contar para que la Cosa tenga (pueda tener) sentido. Tenemos (tengo) una obsesión con el sentido. De hecho de eso quería escribir, y para escribir tuve que tensar mi cuerpo —una cuerda demasiado floja no suena. ¡Ojo! No digo que tensar y sonar esté mal, solo digo que hay una obsesión: sería un terror por el silencio, que sería una ausencia de experiencia, que sería una ausencia de sentido. El punto es que el silencio no es una ausencia de sentido —porque el silencio no es una ausencia de nada: o: es ausencia de la ausencia. Necesitamos tener experiencias porque no sabemos percibir y procesar la ausencia de la ausencia. ¿Tenemos experiencias para probar la hipótesis de que algo nos falta? Como no sabemos —no mucho, al menos— sentir la falta de la falta, salimos al mundo a tener experiencias. Las armamos. Vamos a por ellas como guerreros. Nos encontramos con la vida como si la vida fuera un campo de batalla. Peleamos con enemigos inventados que, aunque no lo sepamos, representan nuestra propia insensibilidad. Para escribir todo esto tuve que contener un poco el aire y tensar un poco el cuerpo. Me pregunto si, mientras escribo, ya que soy un ser humano que viene escribiendo, me pregunto, digo, si mientras avanzo y actúo y hago todos estos ruidos, me pregunto si también puedo respirar —si también puedo percibir la ausencia de la ausencia. A veces me cuesta discernir si estoy actuando por entusiasmo o por obsesión. El entusiasmo se vuelve obsesión en un segundo. El entusiasmo ¿sería una tensión justa? La cuerda disponible. Porque también me deprimo. Del otro lado de la obsesión está la depresión. Cada algunos días me desinflo: todo pierde sentido, brillo, interés. Si eso no se siente rico, es señal de que me obsesioné. La depresión ¿viene a mostrarme la obsesión? El entusiasmo ¿será el punto medio entre la depresión y la obsesión? Me pregunto si el ser humano no vive bastante en la polarización obse-depre. O nos aceleramos o nos abandonamos. O las cosas importan demasiado o no importan en lo más mínimo. El mate es una buena herramienta para generar pausas. Mi padre me decía que entre bocado y bocado apoyara los cubiertos en la mesa.

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