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Cada gesto es político

Este país tal cosa, le escuché decir a alguien —y me escuché decir a mí (a mi personaje) unas cuantas veces. Más allá de cómo llamemos al Acá que nos sostiene (casa, cuerpo, comunidad, país...), ¿quién construye ese Acá?

 

Qué cómodo puede resultarnos pensar al país como un escenario externo con sus lógicas y sus algoritmos ajenos a nuestra mirada y a nuestras decisiones. En algún nivel parece ser cierto que el panorama nacional y planetario es definido por acuerdos y desacuerdos de los que no formamos del todo parte. Pero en otro nivel, esos paisajes que llamamos Nación o Planeta Tierra no son sino el tejido armado con cada una de nuestras pisadas. Cada una de nuestras pisadas contribuye al trazado de esos surcos que tejen las identidades nacionales, territoriales y personales. El país también es lo que sentimos y pensamos, también es la manera en que cruzamos la calle, también es cómo nos miramos y cada decisión que tomamos. La política no la hacen solo los políticos. Cada gesto es político. No investigar nuestros miedos es una actitud política. Dejar actuar al amor es hacer política. Podemos relacionarnos como si fuéramos cosas separadas o podemos relacionarnos desde, y hacia, la consciencia de la unidad anterior a la percepción de lo separado de las cosas.

El despliegue de cada perspectiva, con cada gesto, es parte del hipercomplejo movimiento todo-inclusivo que llamamos política. Y la responsabilidad política, no necesariamente pesada, no necesariamente nada, puede ser una gran alegría.

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