La cuarentena como experiencia estética

Alguien habló de las anécdotas en tiempos de cuarentena:

—La ficción en tiempos de cuarentena —dijo.

La frase se me dio vuelta:

—La cuarentena como ficción.

¿Qué es la ficción? Una cuarentena, un encierro, un círculo que se cierra, un acuerdo, una forma, un nombre, una definición —en fin, algo que decide tener fin: algo que se cierra y define (abre) campos de posibilidades. ¿Algo que se cierra para abrir?

Eugenio Barba hablaba de sus experiencias teatrales como un círculo ficcional en el que se sumergían, como grupo, para encontrar el coraje de no fingir. Fingir para dejar de fingir. ¿El arte? Hace unos días reflexionaba acerca de la función holográfica del arte. La obra como fractal del universo y la experiencia estética como un contexto de contención donde el mundo es puesto a prueba. Una miniatura del mundo, un laboratorio.

La ficción es una ronda de sensibilización, un círculo de compresión e intensificación de la experiencia. La ficción, decía Sontag, para reclamar nuestro derecho a la intensidad. La ficción como un apriete, un encierro, una intensificación. En el arte de la ficción, lo mínimo toma gran valor. Cada detalle es un universo y el universo está en cada detalle. En estas semanas, me decía alguien, la mochila y la SUBE perdieron importancia. No hay nada que cargar, no hace falta subir a ningún lado. El viaje, hoy, es de la cama al living —si tienes cama, si tienes living, si tienes piernas… si percibes diferencia entre la cama, el living y tus piernas.

Como sea, la distancia se ha relativizado y el desplazamiento se ha intensificado. En el teatro Noh se decía: mover el espíritu 10 y el cuerpo 7. Hoy, pareciera ser que estamos moviendo el espíritu 9 y el cuerpo 1. ¿Qué hacemos con toda esa intensificación? ¿Dónde la metemos? ¿Cómo la administramos?

—¿Quién dice que tenemos que administrarla?

Viktor Frankl encontró la libertad última en un campo de concentración. Cuando hablamos de arte, hablamos de liberación del condicionamiento cultural. Ahora hay tiempo para ver películas de Tarkovsky. Son pocas, pero duran mucho y nos enfrentan con la posibilidad de detener el tiempo —y con el tiempo, el sentido. Tarkovsky decía que la libertad es una cuestión interna y no tiene nada que ver con las condiciones de lo que percibimos como mundo exterior. Sus películas tienen algo de ciencia ficción. No solo Solaris y Stalker, que son explícitas. Hay algo de lo devastado, de lo apocalíptico: las piletas están secas y las casas se prenden fuego, como si la historia humana hubiera terminado.

El clima de ciencia ficción me recuerda una frase de los Redonditos de Ricota: el futuro llegó… hace rato. Hoy, la incertidumbre es finalmente innegable, y cuando el futuro se devalúa, las historias que dan sentido a nuestras vidas parecen detenerse. ¿No es hermoso? Puede ser angustiante, puede ser liberador.

Si nuestras vidas sociales cotidianas son narraciones subsidiarias de la gran ficción que llamamos Cultura, ¿será que este encierro que llamamos Cuarentena puede servirnos de oportunidad para exponer las más íntimas y las más inconscientes gramáticas vinculares?

¿Qué pasa si por un momento pensamos este encierro como una ficción? Aunque no estemos de acuerdo, esta reclusión es un acuerdo. Un acuerdo es un relato que inhibe cosas y posibilita cosas —cosas que podemos prever y controlar, cosas que no. Entonces, si la ficción es la posibilidad de la experiencia estética, la cuarentena, en tanto ficción, puede ser la posibilidad para una experiencia estética. Y la experiencia estética, en tanto forma que se cierra para abrir, una oportunidad para la revelación. Apocalipsis significa revelación: una forma que se abre. La experiencia estética es un apocalipsis y el apocalipsis es una experiencia estética. Hay algo que se abre.

(Noto que uso bastante el verbo SER. Tal cosa ES tal cosa —digo. Aclaro: la pretensión no es la de definir, sino la de crear ficciones (acuerdos, filiaciones, entidades, seres) para ver qué pasa —ver qué se abre. Entonces, tómense estas líneas como relatos de ficción más que como teorías científicas. Digamos: más que ensayo, poesía.)

Tal vez este encierro (barbijo) nos pueda servir como oportunidad para intensificar el encierro (máscara) con que funcionamos como sociedad. Lo que sea que fueran nuestras vidas, ahora está comprimido, confinado en este laboratorio que creemos nos protege de un virus que creemos ajeno. La cultura podría ser pensada como la creación de ajenidades y protecciones. La cultura como un barbijo. También, como un virus. La cultura como un tejido de virus, un aparato de codificaciones genético-simbólicas que ponen en cuarentena nuestras libertades creadoras.

El lenguaje, depende cómo se lo use, es prisión o pista de despegue.

La creatividad está condicionada por lo que creemos que necesitamos hacer para sobrevivir (física y afectivamente). Para crear, algo tiene que morir. Para crear, algo tiene que dejar de preocuparse por sobrevivir. La Persona era la máscara del teatro griego que se usaba para amplificar la voz. Me pregunto qué efecto tendrán los barbijos sobre nuestras voces. Tal vez las voces de la nueva humanidad suenen a través de la telita. Tal vez estábamos hablando mucho, tal vez estábamos hablando mal.

Oscar Wilde decía: dadme una máscara y os diré la verdad. Dijo muchas cosas, tenía un ojo sagaz y filoso para desnudar a la sociedad. Lo social puede ser pensado como lo que aún no se desnuda, lo social como un aparato donde las relaciones funcionan en tanto están codificadas (disfrazadas) por la gramática cultural. La ficción (no en tanto acuerdo social sino en tanto desacuerdo poético) puede ser pensada como un círculo que pone lo social en cuarentena.

Lo social está en cuarentena. ¡Enhorabuena!

La ficción puede ser un laboratorio donde el comportamiento social es revelado y diseccionado. Si lo social es una máscara que oculta, la ficción es una máscara que revela. Entonces, podemos vivir esta cuarentena como un espacio para la revelación. Cada quien, claro, con sus desafíos. Y los desafíos como oportunidades para la revelación.

No hay nada como reconocer que la Libertad no es esa libertad que depende de las cosas. Toda persona es artista en tanto reconoce la libertad que tiene para crear más allá de lo que cree que le condiciona. ¿Cómo hago de este momento una experiencia estética de sensibilización y renovación perceptiva?

La ficción poética es un límite que nos habla de lo ilimitado. Podemos dejar que este encierro nos hable de la imposibilidad de encerrarnos. Podemos dejar que la muerte nos hable de la imposibilidad de morir. Podemos hacer de cada instante una experiencia estética y una celebración del misterio de existir.

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