Mi investigación

Mi producción artística es una investigación que forma parte de lo que percibo como un proceso de re-escritura de la humanidad. No solo la humanidad, sino la vida en su conjunto, se está re-escribiendo. El ser humano está en el proceso de asumirse parte del tejido que es la totalidad de la vida de la Tierra y, por qué no, de la vida cósmica. Atravesamos tiempos que nombramos críticos y la crisis nos pone frente a la oportunidad de desplegar nuevos niveles de inteligencia y creatividad. Los seres humanos estamos desarrollando (o encontrando) nuevas inteligencias y nuevas creatividades —y parte de ese proceso es el asumirnos parte de la trama que incluye tanto a las personas que consideramos nuestras enemigas, como a los animales, los minerales, las plantas, las aguas, los monstruos y los planetas con sus lunas. A su vez, asumirnos parte del tejido de la vida cósmica implica deconstruir las nociones de lo que creemos que es ser humano —creencias con las que venimos funcionando hace miles de años. En esa deconstrucción se libera un poder creativo insospechado. El arte nos libera y nos da la posibilidad de re-crearnos.

 

Llamo arte al laboratorio o campo de investigación y exploración de la condición humana: la experiencia artística, tanto en su instancia creativa (poética) como en su instancia receptiva (estética), es parte fundamental del viaje de renovación mental, emocional, física y espiritual de la humanidad.

 

Si la humanidad se está re-escribiendo, estamos en nuestro momento más poético. El acto poético es el acto de escribirse y re-escribirse. La humanidad necesita asumir su poder poético: somos animales creadores de mundo.

 

Gracias al desarrollo de nuestros cerebros y de nuestras manos, tenemos un gran poder: tenemos un lenguaje con el que podemos crear símbolos, ficciones, historias, imágenes de lo que no está presente para nuestros sentidos. Eso no es poca cosa; el desarrollo de la historia humana, con sus inventos y sus tecnologías, nos lo demuestra. No somos poca cosa. A su vez, no somos la única cosa, ni la mejor. Somos parte de algo que nuestras mejores tecnologías tal vez nunca puedan llegar a comprender. Asumirnos parte de ese tejido misterioso puede ser clave para balancear el desequilibrio producido por nuestra gran capacidad de manipulación del mundo material.

 

Hemos desarrollado una gran capacidad de manipulación del mundo material. Pero nos seguimos contando las mismas historias de hace miles de años. Seguimos sintiéndonos como hace miles de años. Sí, vivimos más tiempo y hay muchas menos guerras que antes, pero nuestro desarrollo emocional y vincular no parece haber evolucionado tanto —por lo menos, no en relación a cómo evolucionaron nuestras capacidades tecnológicas. El cine, cada vez con mejores efectos, sigue repitiendo las mismas historias. Una y otra vez.

 

Mi investigación artística tiene que ver tanto con el estudio de eso que nos hace repetirnos como con la posibilidad de renovarnos. Tanto los procesos creativos como las experiencias de “consumo” de las obras, son laboratorios de investigación de lo que venimos siendo y de lo que podríamos ser. El arte, para mí, funciona como puente entre lo conocido y lo desconocido. El arte, como lenguaje poético (creativo) y como experiencia estética (sensibilizante) funciona como una tecnología que abre portales hacia lo nuevo.

 

El ser humano se está renovando y el arte es una de sus herramientas de renovación. La renovación no es puramente intelectual, se trata de una renovación de la sensibilidad. Estamos volviéndonos más sensibles y la experiencia estética juega un papel importante en esa sensibilización. Si lo anestético es lo que nos duerme (anestesia), lo estético es lo que nos despierta.

 

Estamos despertando. Estamos aprendiendo no solo a pensar que las plantas son parte de nuestro organismo, sino a sentirlo. Que el enemigo sea mi hermano no es solo una idea moral —se trata de una noción sensible. Estamos aprendiendo no solo a pensarnos parte del tejido de la vida, sino a percibirnos parte. Y ahí el arte tiene un poder único —porque la experiencia estética nos sensibiliza, nos conmueve de manera íntegra: nos hace pensar y sentir diferente: nos invita a alteraciones no solo intelectuales, sino perceptivas. Es en el campo de la ficción, por ejemplo, donde nos animamos a comprender y hasta amar a nuestros peores enemigos y a nuestros más temidos monstruos. ¿Por qué tiene el arte ese poder de sensibilizarnos al punto de poder amar lo más temido y lo más lejano? El desarrollo de nuevas sensibilidades implica niveles de inclusividad cada vez mayores. El arte, entonces, nos enseña a amar.

Puntos de mi investigación:

 

1. Resultados y procesos

 

Además de estar creando “productos”, “obras”, estamos creando maneras de crear. Nos enfocamos en la construcción de obras, en tanto experiencias estéticas que pueden sensibilizar la percepción, y también nos enfocamos en los procesos creativos mediante los cuales construimos esas obras. El foco no está solo en los resultados, sino también en los procesos de aprendizaje.

 

2. La conversación y la intimidad, el amor

 

Estamos aprendiendo a amar. Estamos aprendiendo que el amor es un nivel de inteligencia. Somos más inteligentes en la medida en que nos asumimos parte de una red interconectada. Cuando nos separamos, cuando usamos las diferencias para separarnos, necesitamos defendernos y atacar; ese modo de supervivencia atrofia nuestra inteligencia más sensible y creativa. Cuanto más nos asumimos y nos sabemos y nos sentimos en conexión con todo lo que existe, más inteligentes somos. Estamos creando, en nuestras experiencias creativas, nuevas maneras de crear. Nuevas inteligencias co-creativas.

 

3. La co-creación y la mente colectiva

 

Mi investigación tiene mucho que ver con la exploración de las posibilidades co-creativas. En los contextos de creatividad colectiva, las mentes individuales se descubren funcionando en red. Estamos investigando con maneras de organizar la creatividad de modos nuevos. Reconocemos los patrones, los esquemas, las formas con las que venimos funcionando: jerarquías, grupos cerrados, roles fijos, jefes y subordinaciones, control. No es que esté negando la existencia y el valor de los roles dentro de los grupos, de las empresas, pero sí me interesa poner en cuestión lo estable y lo fijo de las estructuras de poder. Me interesan las grupalidades abiertas, en las que el sentido de pertenencia no depende de la exclusión, de la definición del grupo en oposición a un afuera, sino de un compartir que supera la idea de homogeneización. Si la vieja forma de hacer grupo tenía más que ver con la homogeneización de lo diferente, las nuevas maneras de la grupalidad parecen tener que ver con la posibilidad de coexistencia de lo diferente. En mis procesos creativos colectivos, propongo e investigo la exploración de los modos de crear en grupo. ¿Cómo podemos crear nuevas maneras de co-crear? ¿Cómo es desarrollar la mente colectiva y la inteligencia vincular?

 

4. La deconstrucción y la liberación

 

La liberación del potencial creativo en la criatura humana depende de su coraje para lanzarse a la aventura de desmantelar las estructuras de pensamiento y percepción sobre las que viene apoyando sus éticas y comportamientos cotidianos. Vivimos de acuerdo a cómo nos pensamos. Vivimos de acuerdo a cómo vemos las cosas. Nuestras miradas del mundo definen nuestras decisiones, las más conscientes y las más profundas. Nos creemos libres, pero gran parte de nuestra experiencia vital está automatizada: en gran medida, somos un robot que responde a algoritmos, no solo los de internet y los de las corporaciones, sino los propios, los algoritmos internos, los entramados sinápticos y genéticos, los programas que hacen correr nuestra fisiología, nuestro emocionar y nuestras maneras de pensar. Solo en la medida en que nos vamos atreviendo a cuestionar nuestros sistemas de creencias, es que el mundo se abre como un campo de posibilidades —si no infinitas, casi. Mi investigación tiene todo que ver con el proceso de desmantelar al ser humano autómata. Mi llamado es que las personas reconozcan su libertad más allá de todos esos programas que les hacen funcionar como computadoras.

 

5. Nuevas maneras de narrar

 

Estoy (y en grupo también estamos) explorando no solo nuevas narraciones, sino nuevos modos de narrar. Observo que hace miles de años que no solo sostenemos relatos, sino modos de relatar. La humanidad viene contándose las mismas historias, y además lo viene haciendo más o menos de las mismas maneras. Más allá de la sofisticación de las tecnologías, los dispositivos de la narración se sostienen. Es decir, claro, sí, en la historia de la literatura, de la dramaturgia, del teatro, etc, ha habido, a lo largo de los últimos tres mil años, cambios notables. Tal vez las meta-ficciones del último siglo sean lo más cercano a un cuestionamiento y una exploración del ser humano en tanto animal narrativo: somos criaturas que se cuentan historias: pero ¿qué personajes del cine o de la literatura llevan a fondo la indagación acerca de su naturaleza narrativa? ¿Qué personajes del teatro y de la ficción tienen la capacidad y el espacio para mirarse, no ya de un modo neurótico, sino más bien creativo? Me interesa mucho la exploración de este tipo de ficciones: ficciones usadas, como dice Eugenio Barba, para dejar de fingir. La re-escritura de la humanidad depende, a mi entender, de que pueda asumirse como un animal que teje relatos. La ficción narrativa puede servirnos como contexto contenedor para dejar de fingir: ficciones para dejar de vivir en ficciones: narraciones para dejar de narrar. ¿Qué pasa cuando descubrimos o vislumbramos que nuestras experiencias dependen del modo en que nos las narramos?

 

6. El entretenimiento, el aburrimiento y el espectador emancipado

 

Desde las dramaturgias de la antigüedad, la narración se ha pensado como una actividad hipnótica que busca atrapar la consciencia del espectador, llevarlo de viaje a través de experiencias mentales, emocionales y físicas. Tendemos a pensar al aburrimiento como el enemigo número uno de la experiencia artística. Por eso, creo que en gran medida caemos en efectismos que más que sensibilizar la percepción, nos adormecen. Cuando el arte, tecnología para despertar, se vuelve puro entretenimiento, la sensibilidad y la inteligencia se adormecen. ¿Cómo es pensar al aburrimiento como aliado de la sensibilización perceptiva? ¿Cómo es pensar al espectador no como una máquina consumista sino como una consciencia creativa? En mis obras vengo investigando con los bordes del entretenimiento. No desestimando el poder de la experiencia hipnótica narrativa, me interesa explorar qué pasa cuando dejamos de preocuparnos por entretener la atención del espectador. Qué pasa cuando damos espacio para aburrirnos. ¿Qué hay del otro lado del aburrimiento?

 

7. Lo personal y lo político

 

¿Qué es personal y qué es político? ¿Por qué tendemos a separar el desarrollo personal del desarrollo de las maneras de cocrear a nivel colectivo? La política es la investigación de la creación de acuerdos de convivencia y creatividad compartida. No podemos pensar lo personal sin pensar lo político. No podemos cambiar nuestra manera de hacer política si no cambiamos nuestras miradas y prácticas más personales. El cambio es íntegro o no es. La renovación personal nos lleva a una renovación política, y viceversa. En el arte estudiamos maneras de juntarnos a crear: el juego creativo nos encuentra en la pista de baile de las conversaciones acerca de nuestras maneras de conversar: al crear maneras nuevas de crear, estamos haciendo política. El campo de la creación artística es un escenario muy propicio para la investigación acerca de cómo lo personal es político y cómo lo político es una aventura de comprensiones inter-personales.

8. Del modo conflicto al modo jugar juntxs

 

Hay algo profundamente político en la decisión, cotidiana y artística, de explorar la posibilidad de transformación de lo que venimos llamando modalidad conflicto hacia lo que podemos llamar modalidad jugar juntxs. Estamos aprendiendo a vincularnos de otras maneras y el campo de lo que llamamos arte parece ser un espacio de posibilidad para el despliegue de ese aprendizaje. Por miles de años, las criaturas humanas hemos interpretado la diferencia como invitación al conflicto: el conflicto es la actitud que busca eliminar la tensión: cuando hay diferencias que nos ponen en tensión (puede ser entre personas, puede ser entre naciones), lo que tendemos a hacer es a polarizarnos y a intentar que la situación se resuelva mediante la definición de un polo ganador y de un polo perdedor. No sabemos sostener las tensiones, no sabemos convivir con las diferencias. Lo diferente nos aterra y creemos que necesitamos eliminarlo para sobrevivir —ese es nuestra programación atávica. Parece que hoy se vuelve apremiante darnos cuenta de que ya hemos sobrevivido y que, incluso, intentar seguir sobreviviendo de la misma manera nos podría terminar matando. Hoy parece que, para sobrevivir, la vida nos pide asumir, profundamente, mental, física y emocionalmente, que las diferencias son bienvenidas —que la Tierra tiene espacio para alojar su multiplicidad. La transformación política, hoy, tiene que ser espiritual: es hora de reconocernos parte del entramado; solo así podremos sobrevivir, y solo así podremos crear. En nuestra investigación, y tal vez la expresión la acuñamos con Dama David, lo venimos nombrando así: la invitación es a JUGAR JUNTES. Cuando la situación parece proponer conflicto y enfrentamiento, nos proponemos pensarnos “pateando para el mismo lado”, jugando para el mismo equipo. La invitación es a integrar la polaridad: pasar de la polarización a la posibilidad de sostener el juego de las tensiones polares: las diferencias son entendidas como parte de un mismo caldo creativo. No es fácil, porque no viene siendo este nuestro entrenamiento. Las reacciones automáticas nos proponen conflicto, así que se nos pide compasión y atención para el proceso de reprogramación. Esto es parte importante de la investigación personal y colectiva en el campo artístico. La ficción es un escenario delicioso para esta re-escritura de las posibilidades de lo humano.

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