Suscríbete al newsletter mensual

Si quieres colaborar con mis investigaciones y creaciones, puedes convertirte en un donante mensual o hacer una donación única.

Muchas gracias!

  • Blanco Icono de Instagram
  • Blanca Facebook Icono
  • Blanco Icono de YouTube
  • Blanco Icono Vimeo

Muchas cosas que no sé

Estaba viajando en subte y una nena de unos 6 años se paró delante mío. Creo que porque estaba sola y “sucia” entendí que no quería sentarse, sino venderme algo. Tenía unas ropas rosadas y un moño en la cabeza. Me miró un momento a los ojos y dijo un hola casi murmurado. Después extendió su mano hacia mí. En una fracción de segundo, recordé una definición de mí mismo: (yo) no acepto el saludo de las criaturas que fuerzan a trabajar en el subte —en algún momento de mi vida, parece, adopté esa postura. Pero esta vez, mi cuerpo se movió; mi mano se abrió y por unos dos o tres segundos, la carne de mis dedos sintió la ternura de esa mano. Dudo de que ella haya prestado mucha atención a ese contacto, que sonaba a gesto impuesto por un protocolo comercial (si saludas, vendes más); enseguida se puso a buscar algo en su cartera. Intentaba abrir un cierre y yo la observaba. Supuse que tendría algo adentro para vender, o algún objeto que le sirviera para pedirme dinero. En un nivel de la realidad de ese momento, mi pensamiento se ocupaba en recordarme que supuestamente (yo) pienso que las niñas de esa edad no deberían trabajar. En otro nivel, estaba dándome risa que ella no pudiera abrir el cierre de su cartera; y además, sentía ternura. De pronto se fue, creo que no logró lo que tal vez ni quería hacer, y su cuerpo se la llevó hacia otro vagón. Una señora sentada a mi lado hizo un comentario: esa edad, no deberían trabajar, ¿dónde está la mamá? No quise escuhar a la señora. Me había quedado conmovido por mi intento de no sentir ternura. Miré a mi compañero de viaje, sentado enfrente; sonreía, como si entendiera lo que me estaba pasando, como si me diera permiso. Permiso para sentir algo que el respeto a una interpretación del momento no me dejaba sentir. No puedo sentir ternura en esta situación, hay una nena de seis años trabajando. Sí, eso también estaba sucediendo, había una nena de seis años trabajando; pero no era lo único. Sentí ternura. Me divertí. Después, enfrente, una señora sonrió cuando vio a un chico que se puso contento al encontrar un asiento. No sé si sonrió por lo que yo creí que sonrió. Creo que no sé por qué estoy sonriendo ahora. Creo que hay muchas cosas que no sé.

Si este texto te interesó o te aportó algo, te invito a pensar que escribir esto es mi trabajo y a considerar la posibilidad de hacer un aporte. Si quieres colaborar, click aquí