Notas para un arte aburrido

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Quiero dejar de saber contar historias

Más que mejorar mis destrezas narrativas, me excita la posibilidad de confundirme —volverme cada vez más necio en el arte de contar historias.

El chofer pierde el hilo y descarrilamos de la lógica de las causas y los efectos. No encuentro las fuerzas para sostener la tensión, aburro, defraudo a mi audiencia.

Dejar de saber contar historias. El suspenso crece tanto que olvidamos lo que esperamos. El tesoro es tan olvidado como los motivos para encontrarlo.

El narrador se dispersa, algo extraño llama su atención al costado del camino. En la escena de la persecución por el bosque, nos distraemos con la corteza de los árboles.

2

Hay algo sospechoso en la manera en que nos entretenemos. 

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He comenzado a sospechar de esas experiencias llamadas artísticas que no te dan espacio para aburrirte, que te mantienen al borde, sin aire, todo el tiempo a punto de perder la paciencia. Considero la posibilidad de que hayamos aprendido a adormecer nuestras consciencias con eso que llamamos suspenso narrativo. Considero la posibilidad de que el tedio sea un portal de acceso a nuevas zonas perceptivas.

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