Pensamientos contradictorios acerca del lenguaje inclusivo




Algunas sensaciones/percepciones en relación a los usos del lenguaje inclusivo me piden investigar. Entonces despliego estas notas que, a propósito, buscan no resolver las contradicciones y sostener la tensión tal vez esencial de toda mutación. Veamos:


1. Pienso: me encanta. Me digo: me encanta que esté sucediendo. ¿Qué? ¿La inclusión? ¿Qué es lo que me encanta que suceda? Tal vez, la mutación. Asistir a una mutación tan evidente del lenguaje.


2. El lenguaje inclusivo, por momentos, me genera una sensación de distancia. Tal vez siento la distancia cuando leo la práctica del lenguaje inclusivo como la puesta en acción de una nueva verdad —en un nivel extremo, un nuevo deber ser.


3. Me pregunto por la expresión: lenguaje inclusivo. Los lenguajes ¿no son todos, a la vez, inclusivos y excluyentes? ¿No es un lenguaje un sistema de exclusiones para la estabilización perceptiva de una inclusión? Si hablamos de inclusión, ¿no tenemos que hablar de exclusión? Si hay un adentro, ¿no sigue habiendo un afuera? Si hay un afuera, ¿el lenguaje es solamente inclusivo? ¿Qué queda (todavía) afuera de esta ronda de inclusiones? ¿No deberíamos, más que decir “lenguaje inclusivo”, decir “lenguaje más inclusivo”? Posible ilusión o posible ingenuidad: “Ahora sí, encontramos un lenguaje que lo incluye todo.”


4. En un momento empecé a escribir con la X y me gustó. Después empecé a usar la E y lo sentí un poco más forzado. Aquí una hipótesis: la E estabiliza más, la X es más ilegible. La E es E de Estabilidad; la X es, desde siempre, signo de misterio. La X no se puede leer, o, más bien, se la lee como se puede —y como se quiere: ¿libertad? La E se lee como E, y punto. No sé si quiero el punto, ¡no todavía! Me atrae, me provoca, esa imposibilidad de leer la X. Lo diré así: quiero lo ilegible. Quiero el misterio. Por lo menos por un rato, me gustaría no saber cómo hablar. Hay algo en la nueva forma de hablar que se está adoptando que, a la vez que funciona como una tecnología maravillosa que acompaña una mutación, por momentos me resulta apretada. El lenguaje inclusivo puede ser leído como una nueva FORMA de hablar —si el lenguaje inclusivo es una nueva forma de hablar, casi que con seguridad que se trata de una forma más inclusiva; seguro es una forma menos patriarcal, pero no deja de ser una forma, y, como forma, excluye. Entonces, me surge decir: no nos engañemos. Pero ¿con qué nos podríamos engañar? Con la percepción de una estabilidad, de un punto de llegada, con la absolutización de una tecnología momentánea y pasajera. El lenguaje muta todo el tiempo. El gesto colectivo de forzar la mutación del lenguaje es celebrable en tanto acompaña un proceso de deconstrucción y desmantelamiento —podemos hablar del desmantelamiento de la estructura perceptiva patriarcal, la heteronorma, el mito de la superioridad masculina, etc. El gesto puede estar siendo parte de un proceso importante de liberación. Pero digámoslo: los humanos (lxs humanxs, perdón) somos muy buenxs en esto de soltar una forma agarrándonos de otra, liberarnos de dogmatismos a través de la adopción de nuevos (seguro más sutiles y complejos) dogmatismos. Tal vez no podamos hacerlo de otra manera, tal vez no seamos criaturas preparadas para el vacío entre las formas, tal vez necesitemos nuevas formas para dejar viejas formas. Si es así, la condición no implica que olvidemos que es así. Es diferente afirmar algo creyendo que la afirmación es igual a la realidad, que afirmar algo sabiendo que la afirmación es una tecnología momentánea.


5. Si la mutación/liberación perceptiva está ocurriendo, me aparece una sensación de alerta al pensar que el lenguaje inclusivo puede ser una forma de controlar esa mutación.


6. A la vez, de nuevo, lo celebro.


7. A veces me resulta forzado hablar en inclusivo. A veces me esfuerzo y lo hago, a veces no me esfuerzo y hablo en masculino, a veces hablo en femenino, a veces no sé qué hago y muchas veces elijo palabras para no tener que decidir. Por ejemplo, estoy conversando y en lugar de decir “qué asustadxs que estamos”, digo algo así como “oh, qué susto que tenemos.”


8. Los logros del lenguaje inclusivo a nivel social y político pueden ser importantes, pero no definitivos. No son un punto de llegada. Son parte de un juego más alocado, complejo, sutil e incontrolable del cual no tenemos tanta noción y mucho menos control. Digamos que a la vida le importa un pepino cómo hablamos.


9. Me gusta ver cómo el lenguaje inclusivo molesta. A mi cerebro le molesta. No poder seguir hablando como hablaba es incómodo, perturbador. Pienso en la afirmación del lenguaje inclusivo más como una perturbación de un viejo orden que como una nueva forma de hablar —la instalación de un nuevo Orden.


10. A la vez, para quienes lo van adoptando con velocidad, ya no parece resultar molesto hablar en inclusivo. Pronto, tal vez, hasta deje de llamarse lenguaje inclusivo. Tal vez, cuando eso suceda, sea hora de otra mutación. Nos daremos cuenta de que algo se nos quedó afuera. ¿Podemos dejar de excluir? ¿Es el humano un animal vip?


11. Todavía molesta, y está bien que moleste.


12. Hablar, hablar en serio, ¿no debería siempre ser un poco incómodo?


13. Hoy ya no puedo escribir un relato y decir algo como “estaba en la calle cuando vi una mujer que...” ¿Una mujer? Tampoco puedo escribir, con impunidad, algo como “había una pareja sentada en un banco, en un momento él le dijo a ella...” ¿Pareja? ¿Él? ¿Ella? Para quienes escribimos narrativa, la mutación nos trae serias y entretenidas complicaciones. Es que el humano está no sabiendo cómo narrarse.


14. Es un problema de género. La narración humana se está degenerando.


15. Por mi parte, me produce cierta molestia el que me entreguen una herramienta que acomode mi molestia. Mientras alertamos “se va a caer”, preparamos las colchonetas y la huerta orgánica. Está bien, tampoco se trata de morir de hambre. Cuando la industria alimenticia colapse, será bueno tener las huertas funcionando. Hay un nivel concreto, material, que tiene que ver con la supervivencia: que se caiga, pero tengamos algo un poco preparado para vivir después del derrumbe. Pueden ser paneles solares, pueden ser molinos de viento. Ahora, aquí, la pregunta tiene que ver con la transformación perceptiva y simbólica. No quiero ya saber cómo escribir los libros de la nueva era. La E, aunque puede ser necesaria e importante, también puede ser apurada. El apuro, claro, también, puede ser necesario e importante. Pero, pregunto: ¿qué pasa si consideramos la posibilidad de que nos estemos apurando? No apurando por derribar lo viejo, sino apurando por estabilizar lo nuevo.


16. “Se va a caer” podría decirse “ya se está cayendo”, y también podría decirse “se está abriendo”. La forma se abre, y no sabemos nada —bueno, digo, no sé nada. Me rehuso a sacar conclusiones, pero también asumo lo necesario de las conclusiones —o lo necesario de, por momentos, considerarlas necesarias. Celebro la mutación y asumo que la mutación, humana, necesita estaciones, paradas, estabilizaciones del viaje. Las estaciones no empiezan el 21 de nada, el ciclo del año gira sin paradas, y los humanos necesitamos nombrar ciertas paradas, nos organiza, está bien. La X infinita necesita ciertas E. Estabilizar formas parece inevitable. Y también, es inevitable, las formas no dejan de abrirse, de florecerse. La Estabilidad es una tecnología para la eterna mutación.


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