Taller de Escritura

La Narración Ignorante

Propuesta del taller

 

Laboratorio de exploración y creación poética. ¿Poética? Proponemos la narración (la ficción) como un contexto para la torsión poética. ¿Torsión poética? Digamos que el lenguaje puede liberarse de las ataduras del sentido utilitario, digamos que la escritura puede llegar a decir cosas que no sabremos ni podremos explicar, digamos que organizamos conciertos para el desconcierto.

 

¿Qué pasa si la narración no es la transmisión de una historia creada estratégicamente para generar un efecto preciso? ¿Qué pasa si las historias pierden el sentido y la orientación? ¿Qué pasa si narramos sin saber cuál es el significado de lo que narramos? ¿Cómo es narrar sin querer decir ni comunicar nada preciso? No hablamos de vaguedad, hablamos de complejidad —la complejidad natural de lo que no es forzado a significar una sola cosa. ¿Cómo es crear experiencias de lectura que celebren la ambigüedad, la complejidad y el misterio? ¿Cómo es narrar no tanto para afirmar sentidos y valores, sino más para invitarnos a lo abierto?

 

Disparadores y propuestas de investigación para la creación de ficciones desparejas. Estabilidad e inestabilidad. Legibilidad e ilegibilidad. Hilación y caos. Ficciones que se abren. Narraciones ignorantes.

 

Taller de verano

6 encuentros semanales de 2 hs.

Miércoles 19,30 a 21,30 hora Argentina/Chile (desde el 10 de febrero)

Precio: $2000 (Argentina) ........ (Chile) por todo el taller.

(Se paga antes de empezar para reservar el lugar)

Cupo máximo: 10 personas.

Para quién

El taller invita a personas con y sin experiencia, con interés en explorar el arte de la ficción, la ficción narrativa como un laboratorio de exporación, investigación y juego. No buscamos aprender a narrar. Las técnicas son solo herramientas, nunca fórmulas. 

Grupos anuales

A mediados de marzo comienzan 2 grupos:

+Grupo Principiantes: en este grupo se dan más consignas, se orienta más, se hacen más propuestas para disparar las escrituras. Se escribe, se lee, se reflexiona, se re-escribe.

+Grupo con más experiencia: este grupo funciona más como clínica, tal vez se dan algunas consignas, pero lxs participantes ya tienen sus escrituras activas. Se lee, se reflexiona, se re-escribe.

Consultas

jadasirkin@gmail.com

whatsapp: 054 9 11 33340602

 

Algunas ideas inspiradoras de la propuesta

 

En general, contamos lo que ya sabemos. Si todavía no lo sabemos, lo contamos para saberlo. Necesitamos estabilizar sabidurías, fijar sentidos y sentirnos a salvo. Contamos para confirmar saberes, contamos para transmitir saberes, contamos para ponernos de acuerdo y definir lo que sabemos. Contamos para afirmar. Necesitamos (o creemos necesitar) afirmar para sentirnos a salvo. Nuestras vidas cotidianas y nuestras ficciones narrativas suelen organizarse sobre relatos afirmativos. Aunque sea secretamente, en silencio, aunque ni lo confesemos, nos estamos contando cosas casi todo el tiempo. Y ese contar tiene la forma de la afirmación. “Las cosas sucedieron así y esto es lo que significan...” Vivimos opinando sobre lo que sucede, y, lo más importante, vivimos olvidando que las opiniones son solo opiniones. Secreta y no tan secretamente, vivimos creyendo lo que narramos sobre el mundo. “El mundo es así”, afirmamos. Así funcionamos en general y así funcionan, en general, esas experiencias no lo suficientemente extrañas que llamamos arte.

 

Cuando afirmamos, ¿qué es lo que afirmamos? Cuando narramos una situación, ¿nos importan los hechos o más bien el sentido que les damos? Los hechos, sueltos, solos, ¿significan algo? Los detalles ¿significan de por sí? ¿O acaso significan en la medida en que forman parte de esas cadenas de acontecimientos que llamamos historias? Las historias son formas de encadenar sucesos para crear sentidos. Las historias nos dan sentido y le dan sentido al mundo y a nuestras vidas. Para un animal tan frágil y tan sensible como el animal humano, las historias (los sentidos) parecen tener una función muy importante: acuerdo, estabilidad, supervivencia.

 

Si las historias nos sirven para organizarnos, individual y colectivamente, si nos sirven para unirnos y cooperar, si nos sirven para ponernos de acuerdo acerca de los valores sobre los que construimos sociedad, si nos sirven para refugiarnos, si nos sirven para sobrevivir, ¿hay algo más allá de la supervivencia? Si la cultura es un entramado de relatos que sirve a la supervivencia, ¿qué podríamos decir de eso que llamamos arte? ¿Será que el arte tiene que ver con lo que está más allá de la supervivencia?

 

Arte es un concepto complejo y engañoso. Es un concepto bastante nuevo que no se sabe muy bien qué nombra. Como no se sabe bien para qué sirve, eso que llamamos arte sirve para muchas cosas. Como el arte no sirve para algo específico, se lo usa para mil cosas. Se lo usa, por ejemplo, para obtener validación, reconocimiento, dinero, afecto. Se lo usa para justificar encuentros sociales. Se lo usa para conversar. Se lo usa para entregar premios, ganar favores y sostener órdenes meritocráticos. Se lo usa como diversión y entretenimiento. Se lo usa para generar pensamiento y sensación de profundidad. En este sentido, el arte parece ser una especie de comodín.

 

Diferenciemos el concepto de arte de la noción de experiencia estética. Si el arte es una actividad/cosa/experiencia usada de muchas maneras, ¿qué sería la experiencia estética? Lo que propongo es que la experiencia estética es algo así como lo que queda, el resto, la sobra que dejan los usos múltiples del arte. La experiencia estética no es útil, pero tampoco es inútil. Podría ser, si se quiere, lo que todavía no fue utilizado, lo que todavía no se organizó dentro de una cadena semántica narrativa, lo que todavía no hizo sentido, lo que tiene el potencial de tener muchos sentidos, lo que podría seguir vibrando. Cuando la cuerda de un instrumento es rasgada o golpeada, vibra. Si no se la apaga, sigue vibrando —al menos por un rato. La experiencia estética sería como esa vibración. Algo que todavía se está moviendo. Algo que todavía no fue comprimido dentro de la cadena del sentido, una intensidad que todavía no fue significada como una intención. Un movimiento sin intención, una forma todavía ilegible.

 

Una afirmación es una propuesta de legibilidad. Afirmar es definir algo que puede ser leído, reconocido y usado —una forma. Afirmar es definir una forma. Una forma es una organización legible, una forma es una invitación a la lectura. Como somos animales que perciben y organizan su percepción de modo temporal, las formas se perciben como despliegues temporales. A esos despliegues los llamamos narraciones o historias. Una historia es una forma que toma tiempo leer. Leer toma tiempo. ¿Hay alguna forma que no tome cierto tiempo leer? En ese sentido, ¿no es toda forma una especie de historia? Como la historia toma tiempo, parece que se compone de momentos. Pero, en algún sentido, una historia es un solo gran momento. A ese solo gran momento le llamamos sentido. Una historia es un sentido. El sentido, la historia, la narración, empieza y termina. No puede no hacerlo. Empieza porque tiene que terminar, y termina para poder empezar. Si termina es porque empieza y si empieza es porque termina. Una historia es una organización de percepciones que empieza y termina, ¿para qué?, para poder ser leída. Ser leída es ser decodificada —entendida. Una historia empieza y termina para tener sentido. Tener sentido es ser legible.

 

Si la narración es lo que puede ser entendido, la experiencia estética ¿sería lo inentendible? Tal vez no. Digamos que sería lo que todavía no fue entendido o lo que podría ser entendido de muchas maneras. Una potencialidad, una potencia, una vitalidad no encausada. El arte, entendido en estos términos estéticos, ¿podría ser algo así como una tecnología que nos devuelve a ese lugar de potencialidad y potencia previo a la significación y la intencionalidad?

 

Tal vez...

 

Definir la experiencia estética ¿sería matarla? ¿Es la experiencia estética indefinible? Si es así, ¿la definimos como lo indefinible? No. Digamos que ni siquiera es indefinible. Tal vez la experiencia estética sea algo así como un diálogo (una vibración) entre la legibilidad y la ilegibilidad. Pensemos la experiencia estética como la agitación previa a la fijación de la lectura que hace sentido. Unas ganas de leer, una lectura que se escabulle. La experiencia estética podría intentar ser definida como una lectura que no llega a ser. Más que una lectura, unas posibilidades de leer. Más que un sentido, unas posibilidades de crear sentidos.

 

Si el arte hace sentido, digamos que deja de ser arte. Al menos, pensándolo en estos términos estéticos. Estético, como dice la etimología, es lo que sensibiliza, lo que despierta la percepción. Cuando fijamos sentidos, anestesiamos posibilidades sensibles. La anestesia, como decíamos, tiene su función cultural y social. Creamos sentidos para sobrevivir, para ponernos de acuerdo, para crear sociedades. La experiencia estética sería la posibilidad de percibirnos más allá de todas esas sociedades, de todas esas estabilidades. Un juego con lo inestable.

 

Si la narración suele ser una forma de estabilizar percepciones, ¿podemos pensar y practicar una narración desestabilizadora? Si narrador es quien sabe lo que cuenta y cuenta para enseñar y explicar, ¿podemos pensar en la existencia de un narrador ignorante? Inspirándonos en el maestro ignorante de Ranciere, imaginemos un narrador ignorante que invita a algo que no sabe qué es. El narrador ignorante cuenta una historia que no sabe lo que significa. El narrador ignorante te lleva por un camino oscuro que no se sabe adónde conduce, si es que acaso conduce a algún sitio. En los términos de Ranciere, la narración ignorante buscaría cambiar el embrutecimiento hipnótico de las narraciones tipo Hollywood por la emancipación de la lectura, que tiene la libertad de crear y recrear los sentidos que quiera y pueda.

 

En este sentido, la narración ignorante, en tanto experiencia estética, sucede más en la instancia de lectura que en la de producción y creación de las obras. Si esto es así, ¿se puede practicar una escritura que invite a la emancipación de las lecturas? Si la posibilidad existe, ¿no correríamos el riesgo de, con la invitación, reproducir el embrutecimiento, al creernos superiores a los lectores/espectadores, al intentar instruirlos, al intentar liberarlos? Sí, el riesgo está. Pero no por eso no vamos a investigar y experimentar.

 

 

 

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